Relaciones étnico raciales en el fútbol brasilero

Hasta que fuera visto como una tierra por descubrir en el Nuevo Mundo, Brasil estaba poblado por amerindios. El mapa poblacional del Brasil que hoy conocemos comienza a tomar forma pasado el siglo XVII, dado por el éxodo de portugueses en busca de nuevas y mejores condiciones de vida. Antes de que la ley de tráfico de esclavos los protegiera, varios millones de cautivos fueron llevados a Brasil ya entre los años 1500 y 1855. Una encuesta Nacional de Vivienda llevada a cabo en 2008 revela que casi un 40 por ciento de la población brasilera es descendiente de africanos. La injerencia del pueblo africano en la conformación del mapa brasilero, la ola inmigratoria, la precariedad y esclavitud sirven como punto de partida para entender la heterogeneidad y complejidad que refiere la conformación de etnias y culturas de Brasil, pentacampeón del mundo y acaso el país que aportó futbolistas de mayor calidad en la historia del fútbol.

Más allá de tratarse de una actividad idiosincrática, que el deporte esté signado por un carácter agnóstico, y de las cuantiosas sumas de dinero que invierten patrocinadores es conveniente resaltar que existen en el fútbol razones simbólicas que mimetizan en casos a los jugadores con los hinchas o “torcedores”: de ahí la vibración y emoción que despierta el fútbol. La profesionalización del fútbol brasilero, similar a la historia del argentino, tiene su auge en la década del 30 y esto alentaría el abandono o ayudaría a reducir el racismo en la modalidad.

Remontándonos a 1909, el Bangú Atlético Clube, fundado por ingleses pero formado mayormente por operarios de la fábrica brasilera textil Bangú, fue el primer equipo en rebelarse ante actos de discriminación. Incluyó a un jugador de piel oscura, pero la Liga Metropolitana publicó una nota prohibiendo atletas de color. Entonces el equipo decidió abandonar la Liga, siendo reconocido como un pionero en la lucha por el racismo. Asimismo en 1923 Vasco Da Gama conquista el título brasilero de fútbol con un equipo mayormente compuesto por mulatos, inclusive su presidente. Todo un acontecimiento, impropio de aquella época.

Dos casos: la descalificación al jugador como persona más que como atleta, atormentado por una sensación de humillación

 A pesar del fuerte racismo que tenía lugar en el futbol brasilero en el inicio del siglo XX, el primer gran referente de este deporte en aquel país fue justamente un mulato. Hijo de un alemán con una brasilera negra, Arthur Friedenreich fue el más espectacular jugador en la etapa del amateurismo. Autor del gol que daría el primer título a la Selección Brasilera, el Sudamericano de 1919, Friedenreich era de piel negra con ojos verdes. Curiosamente, antes de entrar al campo de juego el delantero se alisaba y estiraba el cabello para parecer “menos negro”.

Una táctica similar fue usada por Carlos Alberto, histórico referente de Fluminense en 1914, por aquellos tiempos el club que representaba a la elite de la zona sur de Rio de Janeiro. La camiseta de su club era blanca y contrastaba con su piel mulata, por esto Carlos Alberto entraba al campo maquillado con rubor que con el transcurrir del juego se iba escurriendo por el sudor sobre su piel. Burlona, la torcida comenzó a gritar “pó-de-arroz” (polvo de arroz, algo así como rubor o maquillaje), posteriormente éste se tornaría el apodo de los hinchas de Fluminense.

Los términos “preconcepto y discriminación” son comprendidos como racismo: otro ejemplo, los nadadores negros no son buenos en función de sus características biotipológicas, debido a la flexibilidad de su cintura son más propensos a la práctica de fútbol. El racismo existe sea impuesto o consentido.

 El papel de los medios en la construcción o reproducción de actos racistas

Entra en el análisis el tratamiento de la prensa, sobre todo gráfica, en relación a cómo reaccionan luego de una eliminación brasilera en Copa del Mundo. Esto no es algo nuevo, hasta estos tiempos sectores del periodismo buscan personificar la derrota. Por ejemplo, en el mundial del 50 el apuntado fue el portero Barbosa acusado de haber jugado sin “raça”, en el 82 y 86 fue Zico, en el 90 Dunga, y en el 98 la prensa utilizó la metáfora “amarelão” para criticar a Ronaldo. Ninguno de ellos era de tez blanca, sino morena o trigeña, más bien negra.

Esta problemática fue abordada como tal por pimera vez en 1998 en el marco del Congreso Brasilero de Educación Física y Deporte, el marco de la etnometodología aporta densidad teórica que concierne a la de la realidad dada por los agentes sociales, comprendiendo al deporte y particularmente al fútbol como una arista no ajena a semejante y tan compleja esfera social.

El aporte de la sociología

La crítica que entorpeció la investigación del periodista Carlos Alberto Figueiredo da Silva era la inconsistencia de datos empíricos que ratificaran las “interpretaciones”. El fútbol en sus comienzos tenía más que ver con una actividad de espíritu lúdico alejada de la práctica sofisticadamente profesionalizada de la actualidad. Sin embargo, desde finales del siglo XX hasta estos tiempos siempre se trató de un juego con lenguaje corporal, el fútbol se desenvuelve a medida que los jugadores procuran resolver los problemas que surgen en el contexto del juego. Aquí se refuerza la injerencia de las representaciones sociales, con foco en lenguaje escrito u oral, tomando a éstos como uno de los vehículos más significativos para construir e interpretar lo que él denomina imaginario social, tomando como parámetro a la subjetividad colectiva (universos de significados compartidos). Los futbolistas blancos pueden ser también criticados pero no descalificados. Se trata de un proceso apoyado en la sociología de Émile Durkheim para quien los comportamientos individuales están determinados por lo establecido socialmente. En tanto que Carl Marx aseveraba que la integración de los individuos a la sociedad se da más por fruto del equilibrio de tensiones que por adaptación.

Y para concluir y ponderar el término “interpretación”, según Max Weber los individuos actúan en relación a lo que otros esperan de él. Estas premisas de tres pensadores diferentes quizá ayuden a comprender por qué Arthur Friedenreich y Carlos Alberto actuaron de esa manera, invadidos y atormentados por una sensación de descalificación, hasta llegar a disfrazar o camuflar su color de piel.

El tema de la identidad nacional se ha presentado a lo largo de la historia intelectual brasilera como una gran cuestión cultural. Tratada en 1822, 1888 y 1930, la temática de “identidad” fue abandonada por las elites dirigenciales y retomada por comunidades sectoriales como negros e indios. En la tesis del doctorado de Carlos Alberto Figueiredo da Silva, el autor presenta una hipótesis inédita hasta aquel entonces, planteando una discusión sobre las estructuras de dominación que dificultan el ascenso de entrenadores negros en Brasil. Es un arduo camino el ascenso hasta la consolidación para una persona de color. Algo que en estos parece no estar abolido completamente.

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