Por primera vez, Messi jugará más cómodo en la selección que en el Barcelona

[Opinión] La metamorfosis de Messi fue gradual y su punto álgido se dio cuando nadie lo esperaba. Génesis y cronología de un cambio en su comportamiento que le viene como anillo al dedo a la Selección.

A partir de ahora veremos a otro Messi jugando para la Selección. Y ésta columna no refiere a cuestiones propias del juego en sí, sino a factores familiarizados con la impronta de las personas. Creo que veremos a un Messi más agresivo y combativo, un Messi protestón, que empezó a mostrar su nueva cara de forma gradual, pero que justo ahora, ante el inminente comienzo del camino clasificatorio a la Copa del Mundo de Qatar 2022, encuentra su punto de inflexión tras haber causado un revuelo mediático en todo el mundo, por haber confesado que no se siente a gusto en este Barcelona. Para verificar esta premisa deberemos esperar a que los hechos confirmen tal hipótesis, pero mientras tanto parece adecuado hacer un revisionismo de ciertos sucesos que resultan conducentes para la conclusión a la que hace referencia el título de este artículo.

El astro argentino no juega un partido oficial por la selección desde aquel con Chile en la Copa América de Brasil, encuentro en que terminó expulsado y con escándalo. Pero repasemos; luego del Mundial de Rusia 2018, y tras nueve meses sin hablar, Lionel Messi pasó sin escalas de un silencio inquietante a hacer catarsis, con declaraciones sin reparos ante los medios de comunicación de todo el mundo. A fines de junio de 2018, tras la eliminación ante Francia en Kazán, muchos creímos que a Messi le habían comido la lengua los ratones y nueve meses después, a fines de marzo de 2019, rompió el silencio en un programa de radio de Argentina y brindó una extensa entrevista: fue ahí que comenzó a mostrar una arista hasta entonces desconocida, con frases como; «El que no me quiere lamentablemente me va a tener que seguir aguantando un poquito más». Tiempo más tarde, Messi visitó el piso de otro programa de radio, un hecho inédito para la prensa argentina. Aquel día también lo vimos más fresco, desbocado, y dejó una frase sugestiva: «No sé si llegaré al próximo Mundial». De modo que entre el golpazo que dejó Rusia 2018 y la expectativa por otra Copa América que estaba a punto de comenzar, Messi ya comenzaba a mostrarse más desenvuelto ante la prensa.

Una vez finalizada la participación argentina en esa Copa América, mientras se debatía sobre la sanción que rubricaría el «expediente Messi» entre el Comité de Ética de CONMEBOL y miembros de esa entidad, posiblemente ya estaba haciendo efecto un cambio en su comportamiento. ¿Será que de pronto Messi se dio cuenta de lo que representa y de lo que genera? Es que durante la Copa América de Brasil, el futbolista más aclamado del planeta salió sin miramientos a decir lo que pensaba, apuntando contra el arbitraje y autoridades de la organización, con frases que hasta hoy retumban como un eco. En aspectos íntimamente ligados al juego, tal vez Messi ya venía mostrando algunas cuestiones emparentadas con el compromiso y la entereza de un líder dentro de la cancha, pero en estas líneas el convite es revisar su cambio de comportamiento desde un abordaje más integral, con cuestiones que exceden lo estrictamente deportivo.

En aquel entonces, por julio de 2019, consumada la eliminación de la selección argentina en la polémica semifinal ante Brasil en Belo Horizonte, la prensa especializada se miraba atónita en el centro de medios mientras el capitán argentino verbalizaba fuertes dichos en zona mixta, una situación insospechada, no sólo por lo que decía sino por quién lo estaba diciendo. ¿O acaso alguien esperaba que el mismísimo Lionel Messi asegurara con desenfado frases tan contundentes? «Nos inclinaron la cancha mal. Ojalá la CONMEBOL haga algo, pero no creo porque maneja todo Brasil», acompañado de «se cansaron de cobrar boludeces en esta Copa y hoy no fueron al VAR. Una cosa increíble», «cobraron penales boludos», o «fueron al VAR por cada «pelotudez», «manos boludas, foules boludos, penales pelotudos, son jugadas que te van desquiciando». Y remató con una denuncia: «La Copa está armada para Brasil».

Pero apenas era el comienzo. En su descargo, Messi arremetió con munición gruesa cuando opinó que «no tenemos que ser parte de esta corrupción». Aquella tardenoche en San Pablo, tras el partido ante Chile, Messi no se retractó y en la misma tesitura, para corroborar que protagonizó una «rebelión mediática» sin precedentes en él, se rehusó a ir a la entrega de premios, cuando las principales cadenas de TV del mundo esperaban su presencia junto a las autoridades. Messi ya no era políticamente correcto.

El desplante de Messi a la organización en la premiación de la Copa América 2019. Foto gentileza

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No por estar más lejano en el tiempo, debemos pasar por alto determinado suceso de hace diez años atrás; un capitán ausente de palabras en los vestuarios, que cuando llegaba la arenga, como en Sudáfrica 2010, fue Verón el que tuvo que hablarle a sus compañeros ante Grecia. Situémonos entre aquel Messi que sólo hablaba en la cancha y éste que habla adentro y afuera. Cabe preguntarse sobre los por qué de este cambio, incluso cabría indagar sobre por las consecuencias. ¿Qué fue lo que influyó en él?, ¿Acaso esta metamorfosis fue forzada para asemejarse a Maradona y entrar más en la gente, o simplemente se fue dando por un cambio de conductas a partir de haber sido padre o esposo? En rigor, nadie que no tenga puestas sus botas podrá emitir un juico de valor certero. En todo caso, el foco es que ese proceso fue progresivo y últimamente ha marcado un punto de inflexión en su comportamiento. Por caso, retomando hechos más recientes, durante la última competencia con la Selección, Lionel Messi no solo cantó – y gritó- el himno, algo que algunos le cuestionaban sinsentido, sino que además se peleó con rivales, discutió con árbitros, guapeó y hasta exteriorizó su bronca. Incluso cuando un reportero le preguntó si no le preocupaba una sanción, pronunció desafiante: «que hagan lo que quieran, la verdad hay que decirla». En efecto, terminaba de aflorar en él una veta que no conocíamos, al mejor estilo Maradona arremetiendo contra Havelange y fustigando a la FIFA.

Corrió mucha agua por el río y Messi ya está curtido, tal vez se sienta más maduro y consciente, y creo que quiere disfrutar de ésta etapa en la Selección, justo la primera era en la que se sentirá más arropado y mimado que en Barcelona. Antes, parecía que luego de jugar en la selección -y ser cuestionado- añoraba con regresar a España porque volvía a su zona de confort. Ahora, parecería que él está esperando éste momento de dejar Barcelona y aterrizar en Ezeiza. Intuyo que lo desea, en contraposición con lo que sucedió esta última temporada en Barcelona, donde el mismo Messi blanqueó no sentirse cómodo y hasta quiso pegar el portazo. Ahora que comienza el camino rumbo a Qatar, por primera vez en su carrera, Messi jugará en la selección sintiéndose más a gusto que en el Barcelona.

por Octavio Petrich

Fotos: gentileza Gustavo Ortiz


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