Gremio resultó ser un equipo contracultural

El actual defensor del título de campeón de América quedó eliminado en semifinales dejando una imagen decepcionante. Gremio planteó el partido ante River con una estrategia a contramano de la idiosincrasia brasilera

El fútbol brasilero, históricamente, se caracterizó por valores como la audacia, el respeto por una línea de buen juego, y por promover futbolistas cuya principal característica fue el talento, jugadores propensos al buen pie. El caso más emblemático de Gremio es nada menos que el de Ronaldinho Gaúcho, que debutó allí y jugó entre 1998 y 2000. Desde su génesis el fútbol brasilero forjó cracks que conquistaron los mercados.

Desde los años 1910 el mapa del fútbol sudamericano tuvo una supremacía de rioplatenses, cuando se alternaban los triunfos entre argentinos y uruguayos. Por aquel entonces, en el fútbol brasilero se disputaban campeonatos estaduales, con predominio en San Pablo y Rio de Janeiro, y un sistema concordante entre esas regiones: la “WM”, un dibujo táctico donde se ubicada a un jugador en cada punto de los vértices. Permaneció algunos años aquel sistema, en estos tiempos ya extinguido. Los brasileros supieron reconvertirlo al primer gran movimiento táctico, cuando en la Copa del Mundo de Suecia 1958 ensayaron un innovador 4-2-4 ganando su primer mundial con goleada en la final, y con un rasgo que resultaba novedoso en aquella época; los recursos técnicos que mostraban los defensas brasileros para construir juego desde atrás con pelota dominada. Para citar otro ejemplo, en la final del Mundial de México ´70 ante Italia se dio una situación que resultó algo así como una revolución táctica, cuando por momentos Brasil llegó a pararse en el campo con un sistema dinámico y ultra ofensivo de 3-1-6 lo que hablaba a las claras de su voraz apetito por atacar. La plantilla que presentó Brasil en la Copa del Mundo del ´70 estuvo conformada por ¡5 futbolistas que jugaban de número 10!, y un mediocentro como Clodoaldo que no sólo era un cortador de juego, sino un recuperador de balón completo, algo que hablaba a las claras de la intención de aquel equipo, siendo acaso para algunos especialistas la selección más vistosa de todos los tiempos.

Pero éstos matices estéticos, esa compostura artística de los poderosos equipos que promovían delanteros de fantasía fueron descomponiéndose a tal punto que esa identidad del “jogo bonito” se fue desmembrando luego de la era post Pelé. La táctica fue mutando de aquel bosquejo táctico a un 4-4-2 a priori más equilibrado pero no por ello menos vertiginoso, conformado por intérpretes naturalmente ofensivos, con futbolistas de la talla de Romario, Rivaldo, Kaká, Ronaldo y en la modernidad hasta el mismo Neymar. Sin embargo, desobedeciendo la filosofía del ADN brasilero, Gremio ante River despreció el juego, se ocupó de especular y neutralizar al rival cuidando su ventaja, optó por resguardarse en su campo, agazapado, cediéndole el protagonismo y la iniciativa al rival.

A contramano de esa idiosincrasia brasilera, Gremio resultó ser un equipo contracultural. Presentó una defensa rígida configurada con centrales rocosos más ocupados en transmitir bravura que en conectarse con los volantes. Asimismo, en el partido ante River en Porto Alegre, se dio una situación que hace décadas hubiera sido insospechada: los “torcedores” de Gremio estallaban celebrando cada vez que un futbolista despejaba sin pudor el balón por las nubes o apelaba a cortar sistemáticamente el circuito de juego rival con faltas tácticas. Incluso protagonizando alguna situación irregular practicando artimañas como esconder balones, hacer desaparecer a los alcanzapelotas y hacer tiempo deliberadamente. Curiosamente, jugadores que el fin de semana tuvieron descanso en el “brasileirao” iban cayendo al suelo desplomados acusando calambres, robándose minutos de forma descarada. No frustrarse ante esos factores externos que mermaban el ritmo de juego, fue mérito de River.

Un dato de color marca que en 2018 Gremio eligió como segunda equipación la camiseta Charrúa, de color celeste, en homenaje a la selección uruguaya. «La referencia de la camiseta celeste establece un registro de afinidades culturales y deportivas históricas con el fútbol uruguayo, sea por los valores de garra, voluntad y espíritu copero o sea en el rescate del recuerdo de grandes atletas uruguayos que a lo largo de la historia vistieron nuestro manto y contribuyeron a grandes conquistas», le había contado Beto Carvalho, el ejecutivo de marketing del club de Rio Grande del Sur al sociólogo y periodista argentino Sergio Levinsky, en una entrevista concedida a Infobae. De alguna manera, ello refuerza la tesis de que Gremio no tuvo intenciones de emparentarse con la cultura del fútbol brasilero. De hecho es la primera vez en la historia que River le gana una semifinal a un equipo brasilero.

El desenlace de la serie en Porto Alegre fue dramático, digna de un rodaje cinematográfico, cuando llegó el gol del “Pity” Martínez, el 10 que transformó la impaciencia en aplausos derrumbando toda estrategia mezquina de Gremio, un club que desde los años ochenta se convirtió en una de las entidades más populares de Brasil. Más bien de códigos antiguos y lejos de la jerga tacticista, Renato Portaluppi, el DT de Gremio, últimamente agregó un dron para espiar a los adversarios porque «el mundo es de los astutos». Ésta vez Gremio descuidó las formas e intentó ganar “como sea”. Hizo tanto tiempo que se quedó sin tiempo cuando más lo necesitaba.

por Octavio Petrich

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