Messi intentará conquistar lo que Napoleón no pudo

Messi intentará saldar la cuenta pendiente de Napoleón, 200 años después

Volverse inmortal ha sido la consigna de muchos hombres a lo largo de la historia. A veces en nombre de sus pueblos y otras tantas persiguiendo gloria personal, conquistadores, gobernantes, pensadores y hasta deportistas se han movilizado tras este objetivo.

En 1812 Napoleón Bonaparte, que se había adueñado de toda Europa, lideró una campaña con más de medio millón de hombres para invadir Rusia del Este. Su intento por tomar Moscú resultaría infructuoso, los generales rusos desgastaron sus fuerzas alargando la guerra, induciendo su derrota por la quema de provisiones y aldeas y la pérdida de soldados y animales en medio de temperaturas penetrantes.

Napoleón cierra los ojos para siempre en Santa Elena con una extraña visión: en aquella remota y hostil tierra que le costó la peor de las derrotas, un héroe rosarino que con su uniforme pero con otra cara juega con una esfera que se parece al mundo, intentará legitimar su historia delineando nuevas fronteras y legados.

En 1917, después de décadas de brutal represión, escándalos en la realeza y pogromos raciales se encienden las mechas de la Revolución: el anacrónico feudalismo imperial estaba en jaque, el zar Nicolás II comprendió que la situación estaba fuera de control y decidió abdicar dando paso a la insurrección de los Soviets. Intelectuales como León Trotsky, organizador neurálgico de la revolución, experimentaban una embriagadora sensación de liberación y esperanza.

Ya en 1924 sucede a Lenin la tiranía de Stalin, un impío autoritario que cometió atrocidades a través de gulags, hambrunas deliberadas y ejecuciones en masa. La Revolución Rusa fue un extraordinario desmoronamiento de la autoridad política. Es que el mismo Karl Marx jamás pensó que Rusia fuera un territorio propicio para la revolución socialista. La de cien años atrás, era una Rusia rural y de astilleros, un lugar desconectado y ensombrecido por un campesinado inculto.

Un siglo después, Rusia será anfitriona de uno de los eventos deportivos más espectaculares del planeta y retomará la historia inconclusa de Napoleón, entre la disolución del zarismo y el desmembramiento de la URSS, para empezar a escribir la suya. De hecho, pareciera que a Vladimir Putin se le alinearon los planetas: el mismo día se clasificaron al campeonato del Mundo la Argentina y Portugal; con Leo Messi y Cristiano Ronaldo los rusos se aseguran la presencia de las dos estrellas más marketineras del fútbol mundial. Además Estados Unidos quedó afuera e Irán, socio político del gobierno ruso, volvió a clasificar a un Mundial.

Aunque pasaron muchos años la historia perdura esparcida en suelo ruso. Allá irá Messi para concretar su propia “Campagne de Russie”: Del “Brasil decime qué se siente” al mazazo por la decepción final a manos de Alemania en tiempo suplementario, si hasta el Cristo Corcovado se entristeció por no verlo en 2014 en la cima del mundo. Allá irá Messi, que regó de llanto el suelo chileno cuando se tuvo que conformar con el segundo puesto al perder por penales la Copa América 2015 ante los locales en el Estadio Nacional de Santiago. Allá irá Messi, con el grito atragantado después de la tercera final perdida, también por penales, en la desventura de la Copa América Centenario 2016, en las tierras del poderoso Donald Trump. Allá irá Messi con su tropa, menos numerosa pero tan valiente como la de Napoleón, anhelante de seguir batiendo récords, como abanderado del fútbol trepidante que predica Jorge Sampaoli, para jugar su cuarto mundial, el último en plenitud.

La séptima y última batalla será en el estadio Luzhnikí. Allí el 15 de julio la nación Messi, que no conoce de fronteras ni banderas, se batirá a sangre y fuego con el enemigo hasta conquistar Rusia: algo que Napoleón no pudo.

Texto: Octavio Petrich

Foto: Gentileza

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