Desde que supimos que River y Boca se habían clasificado a la final de la Copa empezó a jugarse el partido, pero aún no sabemos cómo va a terminar.
Desde el 31 de octubre pasaron 11 días hasta la primera final, y si el Tribunal autárquico a la Conmebol luego de subastar la sede al mejor postor, aprueba que el 9 de diciembre disputen la revancha, serán en total ¡40 dias! de declaraciones no solo de actores del mundo del fútbol sino también de ministros y políticos. Octubre, noviembre y ahora diciembre hablando de lo mismo. Interminable y si es por tiempo, aún hay tiempo para más desatinos.
Yo creo que ni el dramaturgo más ingenioso podría haber imaginado este guion; que una final dure 40 días y que la gente vaya cuatro veces a la cancha para ver un solo partido. Se viene la quinta, pero…en Europa. La manoseada final de la Copa Libertadores de América se traslada a otro continente. Esto ya se desnaturalizó.
Por este bendito partido, estuvimos en los ojos del planeta al cometer una grosería tras otra. Deberíamos evaluar cambiar el sol que luce la bandera argentina por algún símbolo del ventajismo, de la truchada, de la intolerancia. ¿Será que llegaremos a ser una sociedad enmarcada en los carriles de la normalidad?, con mesura, prudencia, educación, sin bravura, sin barbarie, sin salvajismo. Para ello debemos esclarecer los límites, siempre se habla de derechos, debidamente, pero no de nuestras obligaciones. Primero, se suspendió por lluvia, segundo por lluvia de piedras. Nótese que ya conocemos dónde se disputará el partido -¿se disputará?-, pero aún los organismos de seguridad y la Justicia no determinan quiénes son los responsables de las agresiones. Lo importante puede esperar.
También debemos reflexionar cómo se trató el tema por parte de los medios de comunicación, cuando se hacía hincapié sobre qué pasaría con el equipo perdedor, elucubrando cómo sería el día después del que fuera derrotado por su eterno rival. Se habló de todo, pero poco de fútbol. Se enmarcó un evento deportivo en un morboso escenario de vida o muerte, se apeló a la «dramatización, énfasis en el conflicto y el alarmismo» (Gingrás, 1998). Y esos mensajes llegan. Como dijo el periodista Víctor Hugo Morales en una conferencia en la Feria del Libro, «las palabras no son inocentes», y «los medios no son el medio, son el principio». La reflexión del pensador Sartori en su crítica a la influencia de la TV sobre la construcción de sentido político, en su obra Homo Videns, lo denominó “la espectacularización del periodismo”.
La cultura del aguante y el coletazo del barrabravismo dejaron al descubierto nuestras miserias. Entre pirotecnia verbal y una pulseada de dirigentes, el partido más largo del mundo sigue jugándose entre los leguleyos. A todos los que nos gusta mucho el fútbol, pero el fútbol como deporte, creo ya no nos interesa lo que suceda de aquí en más. Fueron tantas y tan ostensibles las deficiencias que rodearon al clásico que ya nos sacaron las ganas: esta superfinal está más devaluada que el peso argentino, esta superfinal se volvió una guarangada, porque teníamos la oportunidad de mostrarle al mundo lo que somos y nos salió a la perfección.
Fotos: gentileza

